Facebook: el hábito no hace al monje

Facebook y la innovación
Publicado por andrea Lun 3/03/2014
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En la mayoría de medios es noticia cuando Mark Zuckerberg sale de compras. La más reciente, antes de asistir a Mobile World Congress (MWC) fue su inversión en Whatsapp por 19.000 millones. Si se juntaran todas las personas usuarias y que diariamente comparten contenidos —trabajan— en Facebook, con esa suma millonaria, más del 80% podría salir de la precariedad.

consejos-usar-whatsappLo interesante de esta compra no es que convierta a Facebook en un polígono de ideas que nacen de otras startups, sino que señala la falta de creatividad e innovación de una compañía que ya se puede calificar como veterana. Facebook, nacida a partir de una única idea, poco menos que la la red social del cotilleo, logró millones de usuarios, pero ha quedado prácticamente estancada en su desarrollo, al parecer, por las continuas compras de otros proyectos. Pero la innovación es fundamental en los sitios web y, quienes utilizamos Facebook nos encontramos con frecuencia con problemas de usabilidad, funcionalidades que no tienen un servicio de mantenimiento o que estando rotas no reciben la suficiente atención. La falta de mejora del servicio y de la experiencia de usuario, junto a al cuestión de la privacidad,  siempre han sido puntos débiles.

Recientemente, el cambio de algoritmo y su consecuencia, la disminución de la visibilidad de las Fan page de marcas han causado un enorme revuelo, dando alas a las técnicas black hat de posicionamiento. En este sentido, no se premia con visibilidad o posicionamiento orgánico a las fan page que practican técnicas white hat como hace Google; en Facebook va creciendo un monstruo que perpetúa las malas técnicas de posicionamiento con algoritmos que favorecen tanto la compra SEM de ese posicionamiento u otros trucos oscuros por parte de quien no tienen presupuesto suficiente.

Es así como el problema actual de Facebook se resume en su estancamiento y falta de innovación. Además, es notoria su afición por hacerse con servicios ajenos por enormes sumas, que poco a poco van perdiendo su frescura y capacidad de innovar. Si desmenuzamos las noticias de las compras millonarias de empresas, podemos notar lo simple que es la realidad de quién tiene y lo vacío que es el negocio. Pero, en Estados Unidos, la autodenominada tierra de libertad, el sueño americano se perpetúa en las startups del siglo XXI. El objetivo de muchos programadores es montar una startup y venderla por cuanto más mejor, en lugar de centrarse en la continua investigación tecnológica para el beneficio de la sociedad.

¿Qué pasará ahora con Whatsapp? ¿Sucederá lo mismo que con Instagram? ¿Será noticia en unas semanas para después basar el negocio en el manejo de datos de las personas usuarias por el monopolio Zuckerberg?

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